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Fred Bonnef haciendo Windsurf en Los Roques, Venezuela, Sudamérica

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Fred Bonnef en Los Roques, Venezuela -
Relato de todo un viaje a Los Roques y a El Yaque, en Isla Margarita para practicar windsurf...

TARIFA, 25 de octubre de 2004 Tienda internet , pegados a la pantalla, mis ojos incrédulos acaban de fijarse en un número : 350. Es el precio de un billete de ida y vuelta, Málaga/ Porlamar (Isla Margarita. Venezuela). Rápidamente me decido: No lo puedo dejar escapar.

Málaga, 5 de noviembre de 2004 Primer contacto. Con mi novia, Laeti, intentamos identificar la más dulce y simpática de las caras entre las azafatas de facturación. Juego habitual. Al final elegimos a una morena que parecía agradable !Craso error ! Nos clavan 350 euros de exceso de equipaje. Así que ya sabéis, una vez mas !Nunca fiarse de las apariencias !
Al cabo de muchas horas, Margarita. Salimos del avión, bocanada de calor. El aire es suave y cargado de fragancias. La calma y la curiosidad me invaden. Al fin y al cabo, estamos en América latina. Las nubes andan con mas rapidez !Buena señal!! La puesta de sol nos deja entrever la tierra roja y los típicos cactus de Margarita. Que ganas tenemos de descubrir todo esto! Pero de momento, hay que recoger el equipo y buscar un lugar donde dormir. Cargamos todo dentro de un taxi aparentemente salido de una película americana de los 70, con las ventanas abiertas, asientos anchos y cómodos, música a tope !Vamos, vamos !
Un hostal barato, por favor. El conductor se da la vuelta y nos ofrece una larga sonrisa desdentada, feliz de poder hablar en español con dos guiris. El contacto es inmediato y caluroso. Cosa que pudimos comprobar después muchas mas veces, Los taxistas hablan despacio, y conducen deprisa. En cierta manera, es la paradoja de la cultura Venezolana: Vivir suavemente, tranquilamente, pero al ritmo veloz de la salsa, del merengue, o del reggaeton. Porlamar, la gran ciudad de la isla, se acerca y atravesamos los barrios pobres en la mas completa oscuridad debido a un apagón generalizado, cosa que debe ser mas que habitual. Tengo que reconocerlo : El barrio donde nos deja el taxista, de noche y sin ver nada, me parece inhóspito e intimidante. Pero queríamos un hotel barato y aquí lo tenemos: Un enorme tronco de madera para cerrar la puerta de entrada, cucarachas por todos lados, y un aire acondicionado que no funciona. Pero a dos dólares la noche, no podemos quejarnos, y menos habiendo visto hace un momento a un niño emborrachándose en la acera de enfrente para pasar la noche.

El Yaque.
Después de una noche tórrida, nos vamos a El Yaque. Cambio radical !! El ambiente es tranquilo y cosmopolita y los Venezolanos se mezclan con facilidad entre los extranjeros que han venido a disfrutar del lugar. Los hoteles y escuelas de windsurf han crecido como hongos y, lo que era al principio un pequeño pueblecito de Pescadores, se ha convertido en una verdadera industria de los deportes náuticos. Malo para la autenticidad pero bueno para la economía local. Por que tanta fama?Con un viento que (casi) nunca falla, un agua a 28 grados, unos precios muy bajos, unas fiestas increíbles, y todo ello protegido de las olas por una bahía, tenemos un paraíso de los principiantes, de las escuelas, del freestyle y del freeride.
Aunque el fenómeno de El niño ha cambiado mucho el comportamiento normal de los vientos en el Caribe este invierno y en Margarita también ha soplado menos de lo normal. A pesar de todo, pude navegar casi todos los días con velas entre 5,5 y 6,0 Metros en noviembre, diciembre y los entrenamientos diarios al lado de los Gollito, Ricardo, Cheo, Diony y demás, me permitieron progresar rápidamente en freestyle, sobre todo con viento flojo. El nivel medio del spot es espectacular. Fuera de los « Local Boys », muchos enamorados del « Flaka » se quedan hasta seis meses en invierno para tratar de coger nivel. Por eso hay muchos windsurfistas poco conocidos fuera pero que son muy fuertes en freestyle. Antxon Otaegui o Andre Padrowski son para mi los mejores ejemplos. Sin embargo, mi motivación para navegar en agua plana se fue agotando con el tiempo. Necesitaba mas espuma Y rápido ! Me busque una tabla de surf mientras Laeti encontraba un taxista comprensivo y preparado para conducir a la caza de los caprichos del swell…Y para soportar los míos
Amigo Ángel, Gracias por tu paciencia !

Surf sesión.
Chévere, estamos listos, Nos dirigimos hacia el norte de la isla : Después de Porlamar y La Asunción, la vegetación se hace mas intensa, más carreteras mas estrechas, y el ambiente tiene más color local. Esta zona es Muy bonita y lamentamos no haber venido por aquí antes. Otra curva, un camino de tierra roja, y llegamos a una playa de arena fina, rodeada de Cactus y palmeras estilo Caribe, y con salsa Venezolana. El sitio se llama Parguito y unas olitas de beachbreak me esperan. Son cortas pero con fuerza, y me paso toda la tarde disfrutando de unas condiciones perfectas. Pronto, algunos surfistas autóctonos me saludan con cortesía y se van en dirección a otro pico situado más a la derecha. Con sus tablas súper antiguas, revientan la ola de arriba a abajo, y yo flipo. De vuelta a la playa, abiertos y amables, me comentan que tengo mucha suerte de haber pillado un día tan bueno aquí, y me aconsejan otra playa, Guacuco. El sitio donde estamos es más conocido como spot de longboard o de principiantes ; Sin embargo, parece Que la suerte me acompaña pues al día siguiente, series perfectas de dos metros me dan la bienvenida. Única sombra en el cuadro, llueve y las olas normalmente turquesas, se están manchando por la tierra arrastrada por un rio pequeño que desemboca en el centro del spot. Mirándolo bien. A pesar de la cualidad de las olas, no hay ningún surfista en el agua, lo cual no es precisamente tranquilizador : Hay tiburones por aquí ?, me pregunto a mi mismo, ya que no hay nadie en la playa a quien preguntárselo. Finalmente, me decido. Me sorprende lo frío que esta el agua. « Solamente »25 grados! Rápidamente me encuentro en medio de un agua marrón. Remo con la punta de los dedos, con el cuerpo bien agrupado encima de la tabla. A decir verdad, estoy muy tenso !Tanto, que fallo mi primer take off sobre una izquierda perfecta. Me caigo en el hueco de la ola, la tabla se tensa. Y se rompe!
Empezamos bien. Bato el record de velocidad a nado para alcanzar la orilla. Ningún pez me va a come resta vez !En la playa, tres surfistas venezolanos me esperan muertos de risa : « Amigo, aquí no hay tiburones ! Me invitan a seguirles y, ya mas tranquilo y después de haber arreglado mi leash, me voy otra vez al agua, para el que resulto ser uno de los mejores días de surf de mi vida : Olas glassy, muy largas, y tan solo compartidas por tan solo cuatro personas. Durante mis últimos días en la isla, descubrimos otras olas buenas como las de Puerto Cruz, Juan Griego, Tacuantar, Caribe. Y muchos otros spots desconocidos. Hubiera sido una pena limitarse a playa de El Yaque. El encuentro con el fotógrafo belga Alain Matthieu y su encantadora mujer Suzanna, acaba de convencerme : Ellos llevan 12 anos viviendo en la isla y me confirman que en Margarita hay muchos spots de surf Y de windsurf. La isla no se limita a una única playa donde están agrupados el 99% de los windsurfistas. En realidad, toda Venezuela esta llena de sitios desconocidos y perfectos para practicar nuestro deporte. He tomado mi decisión, Tengo que volver !

Tarifa, 25 de enero de 2005. Tienda internet « Pandora ».(Otra vez) Decididamente surfear en las paginas web me ayuda a surfear las ondas liquidas : Madrid/Caracas ida y vuelta: 250 euros. Tampoco esta vez se puede dejar escapar. La salida es el 15 de febrero. Debo organizarme rápidamente. Alain me llama el día después. Ha decidido coger vacaciones para poder enseñarme todas las riquezas de Venezuela. Me esperara en Caracas con su 4x4 y nos iremos por las pistas de tierra, en dirección a la península de Adicora. Perfecto ! Único problema ? Me he vuelto a lesionar el tobillo (otra vez) y todavía estoy cojeando. Espero estar mejor antes de salir.

Caracas. 17 de Febrero de 2005.
Última noticia: Han caído lluvias diluvianas sobre la mayoría de las provincias continentales venezolanas, inundaciones, poblaciones arrasadas, carreteras cortadas, puentes destruidos. Un desastre para toda la zona. Por mi parte, tengo poca esperanza de poder llegar hasta Adicora. No hay muchas opciones, y decidimos coger un avión hasta Margarita. Alain, Suzanna y Alejandro me esperan. Su buen humor y su entusiasmo hacen que me olvide rápidamente del largo viaje. Además, Alain tiene una alternativa : « Nos vamos a Los Roques amigo ! ». Los Roques Un nombre que siempre me hizo sonar, un archipiélago perdido en medio del mar de las antillas, un grupo de islas minúsculas de colores irreales. Además, el rumor local dice que en ellos hay viento y olas. Al ataqué ! Al día siguiente nos reunimos con Michel, un Francés que vive desde hace mucho tiempo en Venezuela. Es especialista en viajes por el Orinoco y Los Roques. Nos va a acompañar con su velero, lo cual es un plan mas que perfecto. Solo nos falta encontrar un vuelo entre Porlamar y Los Roques, cosa mas complicada pues la mayoría de los aviones son pequeños para poder llevar material de windsurf. Hay uno que lo podría llevar pero se esta arreglando. Debería estar listo dentro de una semana y media asi que de momento hay que esperar. No pasa nada, nos quedan un montón de cosas por descubrir en Isla Margarita. Usaremos el 4x4 de Alain para encontrar un spot de olas.

20 de febrero de 2005, primera recompensa.
El viento es muy del norte y decidimos ir hacia la península de Macanao, al este de la isla, Al llegar, el mar esta pintada de blanco y parece muy movido, Parece que hemos elegido bien. Único problema: El viento esta muy de mare en toda la costa y, por ello, bajamos un poco mas al este, hasta llegar a una playa sin nombre, entre punta el Tunal y playa La Pared. El sitio es espectacular y el viento entra « side on shore » de la derecha. Olas de un metro rompen sobre un banco de arena que no parece peligroso. El color rojo de la playa y los cactus contrastan con el verde de la vegetación acumulada en las montanas de detrás. Hay algo realmente bonito y salvaje en este sitio. Supuestamente, no hay ningún windsurfista por aquí, al igual que en el resto de las playas de Macanao. A pesar de todo, me familiarizo rápidamente con este spot entre surfeadas simpáticas y buenos saltos. Todo ello con 5,3 metros de vela y agua a 29 grados. Además, parece que mi tobillo me duele menos de momento ¡Buena noticia ! Perdidos!. Entusiasmados por la península de Macanao, decidimos volver de nuevo al día siguiente, pero esta vez en dirección de Punta del Tigre, un poco mas al oeste. Primera parada en la playa de La Restinga, donde algunos kiters parecen divertirse con olas pequeñas y viento « on shore » flojo. No hemos venido hasta aquí para eso y, a pesar de la belleza del lugar, decidimos seguir mas hacia el norte. El camino se hace cada vez mas caótico, pero Alain no parece preocupado. De vez en cuando aparecen algunas casitas de pescadores frente a un litoral recortado y aislado. Los niños nos saludan con sonrisas contagiosas. El sol quema ésta árida costa donde solamente los cactus parecen sobrevivir sin pena. Cada vez es más difícil seguir, y tengo que bajarme continuamente del coche para verificar el estado del camino. después de una larga hora, llegamos a Punta del tigre, que ofrece mas o menos las mismas condiciones que en la Restinga, pero con mas olas…No nos desanimamos, tiene que haber por aquí un spot con una orientación de viento mas apropiada. La idea es seguir la costa en dirección este, hacia la playa de Auyama, hasta encontrar la carretera del otro lado de la punta, peor la pista esta llena de trampas y obstáculos . Me tengo que bajar continuamente para guiar a Alain, que siempre consigue sacar el coche de situaciones difíciles en medio de este desierto de cactus. Después de dos horas de conducción épica, llegamos a un muro ! Esta vez se acabo, la pendiente de esta cuesta es demasiado fuerte, incluso para el 4 x 4. Además es ya muy tarde y el sol no tardara mas de media hora en desaparecer totalmente...Tenemos que regresar por el mismo "camino" que a la ida y con las mismas dificultades...A la hora es de noche y tengo que ir aun mas atento que antes no solo para guiar el coche sino también ¡para no pisar a una de las numerosas serpientes venenosas que hay por aquí! A ritmo de la tortuga, llegamos por fin a la carretera dos horas después...El día ha sido largo y nos quedamos con las ganas, pero esto es parte del juego. Con el viento bajando, no tenemos ánimo de exploración los días siguientes. El único sitio donde se puede navegar todavía y solo con vela grande es El Yaque. Me encuentro con Victor Fernandez y Frank Diaz, lo que me motiva a salir con seis metros y tabla de freestyle otra vez. Pero la navegación con los pies al revés y demás tonterias acaban de rematarme el tobillo y me obligan a parar al menos una semana.. No me importa pues aprovecho para explorar el interior de la isla: La laguna de la Restinga, espectáculo irreal en esta "pequeña Amazonia" donde los árboles parecen caer del cielo a las aguas calmas del mar interior, Juan Griego y sus calles típicas y coloreadas: La Asunción y su tranquilidad de pueblo de montaña, Porlamar donde se entremezclan los problemas de todas las capas de la sociedad Venezolana...La isla es variada, atractiva y, al contrario de lo que se dice aparentemente segura. Los Margariteños son, en su gran mayoria, tranquilos y agradables. Un paraíso, y eso sin hablar de la vida nocturna...
A la noche siguiente de una noche muy corta, me despierta el movimiento imparable de las palmeras sobre mi ventana...¡Hoy sopla seguro! Curiosamente, mi tobillo me duele mucho menos. Seguro que el "Coco loco" bebido sin reparos la noche anterior ha sido un medicamento eficaz. Me encuentro con Alain, que también ha percibido el movimiento del viento con sus ojos pegados. Dos grandes cafés solos mas tarde, vamos hacia El Yaque: El viento esta para cinco metros y cientos de velas atraviesan el spot de arriba abajo...Gracias pero no. Cogemos la carretera de El Yaque en sentido contrario, giramos a la izquierda, un kilómetro de pista de tierra, algunas casitas de pescadores, y llegamos. El lugar se llama Punta Carnero. El viento entra "side-on shore"de la izquierda y según Alain, es el lugar de entrenamiento preferido de los Campello y compañía para saltar en condiciones muy similares a las de Pozo izquierdo. Hay una cosa que no entiendo: A dos kilometros de aquí, en El Yaque, el viento está para 5 metros racheado con agua plana y todo el mundo esta allí. aquí en cambio esta para 4,5 metros constante, hay algo de olas ¡Y no hay nadie! No pasa nada, los pelícanos serán los únicos testigos de esta sesión divertidísima. Al salir del agua, me espera una buena noticia: El avión que puede transportar mi material hasta Los Roques esta listo por fin. Una semana antes de mi vuelta a España, me viene como anillo al dedo, aunque Michel y su barco están ahora de viaje por otro sitio. Aun así decidimos ir y buscarnos la vida por allí.¡Vamos a la isla del tesoro!

Gran Roque, 2 de mayo.
Normalmente, me dan miedo los aviones, sobre todo si se trata de uno super pequeño y viejo. Pero hoy es como si mis temores hubieran desaparecido. Con la cara pegada a la ventanilla, estoy alucinando. El paisaje parece imaginado. Una laguna turquesa, tintada de verde, contrasta con el color azul profundo del mar abierto. La separación entre ambas se debe a una inmensa barrera de coral de la que cuelgan islas microscópicas. Seguimos bajando. Ahora los detalles se ven con mas precisión. Los bancos de arena, de una blancura impresionante, están cubiertos de una vegetación dispersa. He visto muchos sitios lindos en mi vida, pero tengo que reconocer que el archipiélago de Los Roques me impresiona. Sobre todo, lo que más me llama la atención son los contrastes. Los colores parecen más puros, más profundos que en otros sitios y desde el cielo, tengo la sensación de poder ver cada detalle del fondo del mar. Llegamos a la pista o mejor dicho, a la isla de aterrizaje. Mi miedo del avión reaparece: No puede ser ¡Vamos a terminar en el mar ! Rozamos los barcos y a los pescadores, pero, para mi gran alivio, aterrizamos sin problema.

Franciski, paraíso numero uno
Primer paso, encontrar un pescador dispuesto a aceptar dentro de su barco mis 60 kilos de material además del equipo fotográfico de Alain y las tablas de surf y kite de mis amigos Wim y Peter. Afortudanamente, Maria, una encantadora Venezolana instalada en este paraíso, nos socorre y negocia con el capitán, que nos mira de reojo a nosotros y a nuestra impedimenta. Finalmente accede y embarcamos en dirección a la isla de Franciski. Nos dejan en la punta de una playa que, desgraciadamente, esta lejos de la barrera de coral y de las olas. Pero no importa, el viento esta subiendo: Haremos freestyle y freeride en el paraíso. La luz es muy fuerte y el agua tan transparente que es difícil distinguir sus movimientos en superficie. Tengo la sensación de sobrevolar el fondo del mar más que de deslizarme sobre el agua. En este tipo de condiciones, hacer maniobras de freestyle parece superfluo, navegar se basta a si mismo.
De vuelta a playa y a mi gran sorpresa, veo que hay una pequeña escuela de windsurf al otro lado de la isla. El responsable de la misma es un simpático apasionado de Los Roques que se ofrece amablemente para acercarme a la barrera de coral con la embarcación de la escuela.¡ Otra oportunidad que no hay que desaprovechar! Con un pie encima de la tabla y el otro dentro del barco, nos acercamos a las olas. El viento es flojo y ligeramente on-shore, pero parece que se puede navegar. Llega un momento en que el barco no puede pasar por la poca profundidad y continúo navegando, ciñendo lentamente por un pasadizo entre los arrecifes. El olor del coral impregna mi olfato y veo desfilar bajo mi tabla a miles de peces jugueteando entre las rocas. Sin planear, llego a las primeras olas. Hay series de dos metros y cubre muy poco. El viento esta muy flojo y más vale no caerse. Si no adiós al material ¡ y a los pies ! Una sombra ancha se pasea por debajo de mi tabla...Es una tortuga. ¡Uf menos mal! Llega la serie y el momento de probar el spot: Primer "bottom turn", sin la suficiente velocidad...Mi aleta toca el coral pero finalmente consiguo escapar. Al ceñir de nuevo, me doy cuenta de que el viento esta subiendo,y mi confianza también. Le voy dando un poco mas al canto de la tabla en las siguientes olas y, al atardecer, incluso me permito algunos saltos sobre estas ondas traslucidas...Finalmente llega el momento de volver al barco del pescador para regresar a Gran Roque, la isla principal. La vuelta navegando al largo por en medio de la laguna es una pasada. Todo el mundo tiene una cara de felicidad, boca abierta y sonrisa larga. Y, para no aguarnos el día, el propietario de la casa de huéspedes donde nos alojamos nos ha preparado unas especialidades a base de pescado frito suculentas.

Noronki: paraíso numero dos (¿y de los tiburones?)
Al día siguiente nos dirigimos a Noronki. Al llegar noto una sensacion de aislamiento aún mas intensa que en Franciski. Casi no hay vegetación en este minúsculo banco de arena perdido en medio del mar. La parte norte de la isla esta batida por las olas que se aplastan en una mezcla poco acogedora de corales y conchas. Su parte este se prolonga por la inmensa barrera de coral que rodea al archipiélago y protege la laguna, verdadera piscina natural de poca profundidad. Decidimos aprovecharla para explorar las posibilidades de navegar en olas. Con el agua hasta las rodillas, caminamos por la inmensa laguna en busca de una apertura en la barrera de coral que nos permita pasar al otro lado y aprovechar las olas de fuera. Al cabo de media hora, localizamos una, aunque muy estrecha. Peter intenta salir con su tabla de surf y, al cabo de un cuarto de hora, le vemos volver corriendo como loco, sin preocuparse siquiera de no pisar el coral. Big Shark!, es lo único que consigue decir, y al mirar bien su cara aterrorizada, me doy cuenta de que debía de ser uno bastante grande. De todas formas, no hay viento suficiente para salir, así que ¡mejor!

Kraski: paraíso numero tres
A la mañana siguiente, ¡viento otra vez! La isla de Kraski es nuestro objetivo, aunque parece que esta isla es mas conocida pues un grupo de kiters italianos sube también al barco. Cuando llegamos, no hay olas, pero es sin duda un sitio precioso. La vegetación, mas densa que en las otras Islas, llega hasta un mar azul profundo, y montañas de conchas acumuladas Parecen caer del cielo. Una punta de arena separa un spot de agua agitada de un perfecto run de velocidad, plano como un espejo. Otro día pleno colma mis aspiraciones y de camino para volver al hostal, nos cruzamos con unos pescadores vestidos de fiesta. Lo habíamos olvidado pero hoy es sábado. La fiesta nos absorbe. El ambiente es genial y la noche pasa rápido, tanto como Nuestra estancia en este paraíso que es Venezuela. Viento todos los días, Navegaciones suaves y radicales, pero sobre todo, una sensación cotidiana de estar solo en estos spots magicos...Desearía que el tiempo se detuviera en esta parte del mundo, para preservar intacta esta maravilla que son Los Roques.

POR FRED BONNEF

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